Bienvenidos
Los sones campaniles, al finalizar la II Guerra Mundial,
anunciaron al mundo la iniciación de una nueva
era con esperanzas de nuevos pensamientos y acciones
para un avance efectivo en consonancia con los anhelos
comunitarios,
tantas veces postergados. Sin duda alguna que la conflagración,
dejó múltiples
enseñanzas que los líderes mundiales habilitaron para la
reorganización
política, económica, social y cultural con un pensamiento
filosófico
que posibilitara nuevos horizontes de vida.
El tránsito por esa nueva senda no ha sido fácil en todo orden
de procesos y acciones, pero el espíritu humano ha hecho un caminar
firme y decidido hacia objetivos propuestos: reorganización de nuevos
estados políticos, procesos económicos efectivos, aprovechamiento
de conocimientos y técnicas de trabajo para una convivencia menos difícil,
traduciéndose en una proyectiva mirada en las nuevas generaciones. Se
hizo luz en el entendimiento del desarrollo endógeno del territorio,
no sólo en la potencialidad intrínsico de la naturaleza misma,
sino en el valor “per.se” de la humanidad, como valor esencial
hacia mejores destinos. Afincada la mirada, el pensamiento y la acción
en la Naturaleza y el Hombre, fue posible reconocer, como un nuevo descubrimiento,
el valor y función del territorio geográfico y el sentido de
las acciones de la comunidad consignada en tiempos históricos.
Desde la década de los cincuenta, cada sector cultural, educacional, político, social y económico, toma conciencia de la renovación de valores e instancias proyectivas que satisfagan mejores luces cotidianas. Las ciencias, todas ellas, impulsaron la herencia anterior para nuevas etapas de vida: se reconoció la finitud de la Tierra como despensa humana y el constante desarrollo demográfico dependiente de ella. Buscar equilibrios, reconocer y utilizar los nuevos conocimientos y técnicas para estudiar los procesos y fenómenos naturales y culturales con el fin de una comprensión inteligente de nuestro hospedaje terrenal.
Las acciones culturales, en el ámbito universitario, a partir de la década de los sesenta, fue el punto de partida de movilizaciones intelectuales que se plasmaron en acciones directas en Planes y Programas de estudio de los Centros Pedagógicos, como también en reuniones, conversaciones y discusiones en torno a tópicos geográficos presentes en la época: Geografía Cuantitativa, Sistemas y Subsistemas Geográficos, Geografía holística, Análisis y Concepciones territoriales y Económicas, reconocimiento de aplicaciones científicas básicas para resolver situaciones medibles en el espacio y tiempo, fueron los temas e interrogantes para nuevos amaneceres en el acontecer territorial. Los académicos geográficos de los Institutos Pedagógicos iniciaron esta nueva era al reunirse y fundar la Asociación de Geógrafos de Chile (AGECH) y cuyos primeros coloquios partieron en la década de los sesenta, con Jornadas Geográficas, Congresos Nacionales, Conferencias y que permitieron conocer y hacer presente la inquietud intelectual y profesional en las diversas líneas del quehacer geográfico.
Durante este periodo, entre 1962 y 1971, las Jornadas de
Diálogo
tuvieron como sede los institutos y departamentos de geografía
de la Universidades de Concepción, Universidad de Chile,
Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad
de Playa ancha, Valparaíso, Universidad Católica
de Valparaíso y Universidad del Norte, Antofagasta.
A partir de la década de los ochenta se reiniciaron
los diálogos geográficos en torno a temas territoriales
urbano-rurales, económicos, de relaciones climáticas
locales y regionales, de áreas de riesgo natural, de
preocupación social por el desarrollo urbano y suburbano,
de análisis y cuestionamiento del quehacer geográfico
educacional, de las relaciones bilaterales de los países,
de vías de transporte y comunicaciones, etc. Ejemplos
de lo anterior lo atestiguan las Jornadas de Trabajo en Santiago:
Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica
de Chile: 1987 y 1988; Universidades de Valparaíso:
Playa ancha y Católica de Valparaíso, en 1989.
Esta consistente acción profesional hizo posible que
los académicos de las Universidades chilenas se esforzaran
por fundar la SOCIEDAD CHILENA DE CIENCIAS GEOGRÄFICAS,
institución que ha sido reconocida legalmente, con personalidad
jurídica, Decreto 876 de 1989 del Ministerio de Justicia-Santiago
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